andre viard edito tierras taurinas
Más de cuarenta años después de los hechos, todavía no me explico cuál fue el presunto delito que me valió la condena. Debió de ser terrible, y no quiero pensar que fue el haber confesado a mi familia que quería ser torero después de que me habían pillado toreando al mastín del vecino. Lo de que sí me acuerdo, y muy bien, es de que me mandaron con once añitos a penas a un colegio muy triste cuyos temibles padres maristas tenían a los jesuitas por unos permisivos incultos. La lectura y los sueños llenos de aventuras taurinas fueron mi salvación, sobre todo cuando en una visita a la biblioteca, encontré detrás de la vida de los santos
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