tierras taurinas



VIAJE a
la Marisma

Cuna de mitos y leyendas, la marisma del Guadalquivir ha sido la patria de todos los encastes fundacionales : Rivas, Vistahermosa, Cartujos, Ulloa, Vazqueños, Cabrera... A partir de este toro autóctono que criaron ahí mismo, siglos antes, los Tartesicos y los Fenicios, nacieron las ganaderías más emblemáticas de nuestra Historia. Desde todas se veía la Giralda pero de este esplendor pasado sólo quedan hoy las de Escobar, Peralta, Garcia Campos, y algo de Pablo Romero. Ahí también los Gallos empezaron a volar y Juan Belmonte a hacer luna. Ahí nació el último gran revolucionario del toreo, Paco Ojeda, y el que lo fue del rejoneo, Ángel Peralta.

La foto de esta portada simboliza a la perfección el profundo cambio producido en la idiosincrasia de la marisma : en la plaza en ruinas de una de las ganaderías más emblemáticas de la zona, la de Pérez de la Concha, Morante simula el primer pase que dio en este mismo escenario siendo un crío. El mensaje es sencillo : antaño cuna de las ganaderías de postín, la marisma lo es hoy del torero más artista, quien descubrió su vocación precisamente en este lugar por su indiscutible entorno torista. Lo cual permite establecer un paralelo evidente entre la evolución de la marisma y la Fiesta : ambas han avanzado hacia una explotación racional de sus recursos naturales, mientras que el precio de su éxitoha supuesto la renuncia de una parte de su identidad.

CONSERVACIONISMO

Se puede establecer un paralelo evidente entre la evolución de la marisma y la Fiesta. Ambas han avanzado hacia una explotación racional de sus recursos naturales, económicos y humanos, mientras que el precio de su éxito ha supuesto la renuncia de una parte de su identidad. Desde que el toro abandonó la marisma, expulsado por la agricultura y el ecologismo, la Fiesta ha seguido un inoportuno rumbo consumista tras romper el enlace fundamental que la unía con la Naturaleza. De rural ha pasado a urbana, a la vez que la ganadería extensiva ha sido sustituida por otras vacadas de nuevo cuño criadas en espacios más reducidos. De forma paralela, el conservacionismo impulsado por el Estado bajo el reclamo de fundaciones ecologistas internacionales ha terminado por dividir la marisma en dos: una parte “productivista” que mantiene el sistema del latifundio, y otra parte ecologista, igualmente nacida del latifundismo. También se ha partido la Fiesta en dos, y por tanto la afición, con una fracción que sigue entregada en cuerpo y alma al toro, rey de la Naturaleza, y otra que comulga con el toreo moderno. Así el toro, eje de la Fiesta en su versión épica, tiende a convertirse en comparsa del torero con el fin de favorecer la evolución del espectáculo hacia la estética. La foto de esta portada simboliza a la perfección el profundo cambio producido en la idiosincrasia de la marisma: de pie, en la plaza en ruinas de una de las ganaderías más emblemáticas de la zona y actualmente desaparecida, la de Pérez de la Concha, Morante simula el primer pase que dio en este mismo escenario siendo un crío. El mensaje es sencillo: antaño cuna de las ganaderías de postín, la marisma lo es hoy del torero más artista, quien descubrió su vocación precisamente en este lugar por su indiscutible entorno torista.

Si no fuera por él, La Puebla, antiguo corazón de dinastías camperas y toreras, habría perdido parte de su identidad, a pesar de hallarse en la punta superior del triángulo cerrado por Sanlúcar de Barremeda en la orilla izquierda del Guadalquivir al sureste, y la ermita del Rocío al noroeste. Un triángulo donde, hace un milenio, se desplegaba el Lago Ligustino, alrededor del cual se expandió el antiguo reino de Tartessos. Precisamente, el barro de aquel río Tartessos, ahora Guadalquivir, se ha convertido en marisma. En Wikipedia, una enciclopedia participativa que simboliza el desajuste donde nuestra cultura pierde pie, la página dedicada a la Puebla se encuentra desesperadamente vacía, como si esta población nacida a orillas del Guadalquivir no fuera más que un paso obligado entre Coria y la marisma. A Coria, por cierto, tampoco le prestan mucha atención, a pesar de ser dos veces mayor, y lo único que cuentan sobre su Historia es que alberga a los descendientes de los seis sumarais japoneses que acompañaron a Tsunenaga Hasekura, embajador del país del Sol Naciente, a principios del siglo XVII. Hoy, unos 600 habitantes de los 25.000 que posee Coria se apellidan Japón. Tal vez a causa de esta rareza, muchos aficionados al flamenco estiman que los bailaores parecen hoy karatecas... El caso es que, si bien la página de Coria conduce a la de Gelves, Wikipedia tampoco dice nada sobre su Historia, y menos aún de la Huerta del Algarrobo y de su gallinero. Igual que entre los siglos XIII y XVIII, cuando el sur de la marisma pertenecía a los propios sevillanos, la ciudad creada por Hércules acapara toda la atención. En este punto es preciso recordar que, cuando Julio César fue de Sevilla a Jerez en busca de Pompeo, en sus memorias escribió sobre los toros que vio por la marisma, y sobre el valor de los jóvenes íberos que los cazaban. Este mismo toro, que Roma ordenaba capturar por todas partes, fue soltado en los 200 coliseos que el imperio edificó en sus territorios, por supuesto también en el de Itálica. En dichos juegos, los Bestiarii lo mataban a pie. Además, se practicaba una forma de acoso que Julio César puso de moda en Roma, quizá después de haberlo descubierto en la marisma sevillana.

Cuna de mitos y leyendas, la marisma del Guadalquivir, que arranca al sur de la Puebla, concretamente frente a la Venta del Cruce, también ha sido la patria de todos los encastes fundacionales: Rivas, Vistahermosa, Cartujos, Vazqueños, Cabrera... A partir de este toro autóctono criado por las congregaciones religiosas y algunos miembros de la nobleza, tras haber vivido junto a los Tartesicos y los Fenicios instalados en Gadir, y cazado después durante siglos por los Reyes Católicos y los Duques de Medina Sidonia, nacieron las ganaderías más emblemáticas de nuestra Historia.

Desde todas se veía la Giralda y de este esplendor pasado sólo quedan hoy las de Escobar, Peralta, Garcia Campos, y algo de Pablo Romero. Ahí también los Gallos empezaron a volar y Juan Belmonte a hacer luna. Ahí, y no en Sanlucar, nació el último gran revolucionario del toreo, Paco Ojeda, y el que lo fue del rejoneo, Ángel Peralta. Los dos viven todavía a orilla de la marisma, uno en La Puebla, el otro por Villamanrique. Y si la foto de la portada en la cual aparece el “hijo predilecto de La Puebla” en la Vuelta del Cojo simboliza mejor que cualquier otra el cambio profundo ocasionado en la idiosincrasia de la marisma, también lo es del rumbo que ha cogido la Fiesta : las ganaderías insignias del pasado han dejado el lugar preponderante a los toreros, hasta en la cuna que las vio nacer. Escandalizarse de esta realidad no ayuda a entender el futuro que nos depara semejante evolución. Tampoco pretender solucionar cualquier discrepancia a través de la censura nos ayuda a buscar la vía del medio. Pero como bien dijo el genial Rafael El Gallo cuando le dijeron que Ortega y Gasset vivía de filosofar, “hay gente p’a t’oo”. Pero puestos en adivinar el futuro que nos reserva la evolución que describimos, y a falta de poder influir en ella, cabe acompañarla lo mejor que se puede, intentando sumar lo que une, en vez de ensañarnos en lo que divide. El buen aficionado puede ser perfectamente de Miura y de Morante a la vez, sabiendo que hay pocas probabilidades de poder colmar ambas adicciones un mismo día y en un mismo lugar. En ambos casos, lo que encontrará el aficionado son situaciones límites, unas lindando con la tragedia, otras con el arte puro, alfa y omega de la Fiesta taurina. En este cruce de caminos que pasan por la marisma, se encuentra la encrucijada : si la Fiesta quiere sobrevivir, debe de cultivar su autenticidad y alejarse de la mediocridad, sea la del toreo mecánico o del toro insulso. Y cabe recordar que la palabra cultivar no solo da cultivo, sino también cultura.



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